Parásitos del paraíso

miércoles, julio 21, 2004

Miscelanea.

 
Nuevos links
He añadido nuevos links a la vieja lista de consentidos. De estos nuevos destinos cabe destacar Osiazul. Sitio dedicado a la literatura y a la difución de textos y autores poco conocidos. La responsable es nada más, y nada menos, que Erika Mergruen. Un must see.
 
Conservando el orden, tenemos La oruga gritona, bitácora de Oscar Alejandro Luviano, ejemplo de lo que es un buen blog y a quien conocí gracias a Erika y su Osiazul.
 
Continuando con las recomendaciones 5 stars, sigue el Eterno retorno, estupendo blog llegado desde Tijuana (qué raro, ¿no?) y a cuyo autor, Daniel Salinas, hay que tener en la mira como un excelente periodista.
 
La siguiente adquisición es Flesh museum, del buen Jay, a quien le envidio tanto tiempo libre que tiene (o al menos es la impresión que queda luego de leer sus blogs: que Jay tiene un chiiingo, pero un chiiingo, de free time). Buen sitio para encontrar trailers de películas poco convencionales. 
 
La última de las adquisiciones es el blog de Fernando Nachón, ex colaborador del extinto suplemento cultural Sábado, del periódico, también extinto, Unomásuno (bueno, por ahí hay circulando otro periódico del mismo nombre, pero por el cual no meto las manos, ni ningún otra cosa, al fuego). Nachón es un tipo al que admiré hace más de diez años, y que ahora me sirve de ejemplo sobre lo que NO se debe hacer. 
  Enjoy it.

martes, julio 20, 2004

Kinky Hotel
Quién vive en la ciudad de México sabe muy bien que la parte de Calzada de Tlalpan comprendida entre el metro Sn. Antonio Abad y el metro Taxqueña está repleta de hoteles de paso. Por cierto, la oficina donde trabajo queda exactamente atrás del hotel Amazonas. A unas cuantas casas de la entrada al estacionamiento.
 
Todos los días es posible observar el desfile de usuarios que entra al Amazonas, y aunque pretendas fingir indiferencia, aparentar que te viene guango eso que sucede a unos pasos de tu lugar de trabajo, resulta imposible (al menos para mí) no prestar atención, sobre todo cuando los hoteles siempre me han parecido lugares no sólo de encuentros, sino una especie de contenedores donde se van almacenando historias, emociones, anécdotas... y estas no sólo se almacenan, se mezclan, reaccionan entre ellas, y producen a su vez otras historias. En ocasiones, cuando el trabajo es poco, o simplemente cuando la negligencia me induce a fingir que trabajo, me gusta imaginar los trasfondos de esas historias de hotel, traducir los detalles que veo, como la razón de que de cada 10 parejas que entran en coche, por lo menos 5 de las damas se agachan o tapan sus rostros al entrar. O las parejas ataviadas con uniforme de oficinista, que en pleno miercoles a las 9 de la mañana acuden a cerrar una venta. O los adolescentes con mochila y nerviosismo al hombro. O las prostitutas y trasvestis que cada viernes patrullan Tlalpan. Sin embargo esas historias (y su posible génesis) no suelen parecerme tan interesantes como esas otras historias que también se pueden atisvar cada mañana fuera del estacionamiento. Las de los pepenadores y trabajadores del servicio de limpia que recogen la basura generada en el hotel.
 
La basura del hotel se acumula diariamente sobre la banqueta que está frente al estacionamiento, y para quienes trabajamos en esta oficina, y venimos en transporte público, es imposible evitar pasar junto a tal cementerio de condones. Supongo que la mayoría de mis compañeros y compañeras de oficina se limitan a taparse las narices y a desviar la mirada en una dirección menos ofensiva. Es lo mismo que hago yo, pero en ocasiones el morbo me hace mirar el piso, la basura; y en más de una ocasión me ha sido posible distinguir algún objeto inquietante: fotografías porno amateur (rotas), cajas de medicamentos de todo tipo (una vez vi como 10 cajas de rohypnol, las de viagra se ven todos los días), revistas porno, utensilios de sospechosa procedencia, agujas hipodermicas, sabanas manchadas de sangre, botellas vacías. En las ocasiones, 2 veces por semana, que llega el servicio de limpia, es posible ver a los trabajadores esculcando en la basura. Uno podría imaginar que separan mierda organica de mierda inorganica, y puede que sí, pero no es lo único que hacen. Por ejemplo, hace unos cuantos días vi a uno de estos hombres con uniforme naranja, parado entre montones de papel higiénico, metiendo una mano en la inmundicia, buscando. Con la otra mano sostenía un par de prendas íntimas femeninas, una de ellas de escandaloso encaje rojo. Visión bastante perturbadora para un jueves a las 8 de la mañana.

Ya en la oficina, mientras encendía la computadora y revisaba algunas ordenes de trabajo, dediqué unos cuantos minutos a meditar sobre lo que había visto. Deshojé la hipótesis de un hombre preocupado por llevarle ropa íntima a su mujer y que ante la feróz crísis no tenía otra opción que buscar en los basureros un detallito con el cuál alegrar la tarde de su doña... pero lo antihigiénico de la situación (por no llamarle asqueroso) me hizo ver que se trataba de un hipótesis más que absurda. Justo en ese momento recordé una palabra: fetichismo (kinky pa los internacionales y anticulturosos), y entonces, misterio despejado, pude dedicarme a trabajar.


El Santos vs La Tetona Mendoza
Pásele a ver esta bonita animación.

miércoles, julio 14, 2004

THE ADDICTION

Dentro de la historia del cine de vampiros existen películas que sobresalen, ya sea por el tratamiento de la imagen del vampiro, su simbología, las diferentes lecturas, e incluso la estética. Desde francas parodias (The fearless vampire killers -Roman Polansky-1967) hasta meros pastiches (Underworld -Len Wiseman-2003). Y si bien durante la última década el vampiro se convirtió en tema frecuente de muchos cineastas deseosos de beneficiarse con el boom de darkies fanáticos de Ann Rice y los juegos de rol Vampire publicados por White Wolf, no podemos decir que todo sea mero producto del marketing. Un ejemplo sería The Addiction (Abel Ferrara - 1994), donde el discurso sobre los chupa sangre da pie a una reflexión sobre la enfermedad y la maldad inherente a la naturaleza humana.

La película nos muestra a una estudiante de filosofía (Lili Taylor), enfrascada en la elaboración de su tesis, quien cierta noche es arrastrada por una mujer vestida de negro (Anabella Sciorra) a un callejón, donde es mordida en el cuello. A partir de ahí la protagonista experimentará gradualmente extraños cambios en su cuerpo: intolerancia a la luz del sol, perdida de apetito, palidez, aislamiento social, y finalmente una ansia de sangre que se irá incrementando junto con sus conflictos existenciales.

Estos conflictos son reforzados con una estupenda fotografía en blanco y negro, así como con referencias al pensamiento de Nietzsche y al de Heidegger, las cuales parecerían fuera de lugar si la protagonista no fuese una estudiante de filosofía. Otro de los aspectos abordados por la cinta son las relaciones profesor-alumno, que por lo general tienen mucho de vampírico, así como el de la enfermedad, que quizá sea uno de los aspectos más perturbadores de la película. Ver a Lili Taylor angustiada por el incomprensible proceso que enfrenta su organismo y la decadencia del mismo han sido vistos como metáfora del SIDA, e incluso de la drogadicción. De hecho, la necesidad de consumir sangre es tratada aquí como una adicción, más que una necesidad, como lo demuestra el encuentro de Taylor con Christopher Walken, viejo vampiro que ha aprendido a dominar su ansia.

Abel Ferrara demuestra con esta película su vocación de cineasta difícil e incomodo, tanto que algunos críticos no han dudado de calificar The Addiction como una película pretenciosa y aburrida. Y si bien algunos diálogos son complejos, también hay momentos hilarantes (como la fiesta de graduación donde la mitad de los invitados son vampiros y el resto son la cena), así como líneas tan inquietantes como la siguiente:

We aren't evil because we do evil, we do evil because we are evil


Búscala con tu pirata más cercano.

lunes, julio 12, 2004

¿Has pensado alguna vez en las cosas en que trabaja la gente? Me refiero a algunos de los trabajos. Ves a un tipo que les corta el pelo a los perros, o a lo mejor otro con una pala recogiendo mierda de caballo. Y te pones a pensar, ¿por qué hace eso? Parece un tipo listo, o por lo menos tan listo como otros mil. ¿Por qué trabaja en eso?

Haces una mueca y piensas que está chiflado, ya sabes lo que quiero decir, o que no tiene ninguna ambición. Y luego piensas en ti mismo y dejas de preocuparte del otro tipo... Tienes manos y pies. Andas bien de salud, y vas bien vestido y hasta tienes ambiciones. Eres joven, si se puede llamar joven a alguien de 30 años, y fuerte. Has estudiado. Y a pesar de todo las cosas indican que no vas a ir mucho más allá.

Y no puedes hacer nada para evitarlo y tampoco puedes dejar de pensar en que otros llegan a lo más alto y tú no.

...A lo mejor es que tienes demasiadas ambiciones. Puede que ese sea el problema. Que no estés dispuesto a emplear 40 años en llegar de botones a director. Así que fichaste por una empresa y trabajaste en eso hasta que encontraste otra cosa mejor, o que parecía mejor. Y luego trabajaste en otra cosa.

Así que un día ves un anuncio y crees que esta vez la cosa irá mucho mejor. Coges el empleo y resulta que el trabajo apesta. Que es igual que los de antes. Que la empresa apesta también. Y tú lo mismo: apestas. Y no puedes hacer nada por evitarlo.

Y te encuentras haciendo lo que todos los demás. Cómo el que corta el pelo a los perros o el que recoge mierda de caballo. Y odias tu trabajo. Y te odias a ti mismo.

Y sigues esperando.

Jim Thompson
A hell of a woman